15.12.06

El Parrissal

El Parrisal (Parrizal) es como se conoce al alto valle que baña el río Matarraña que riega la comarca turolense con el mismo nombre.







El recorrido de esta excursión, que hicimos a finales de mayo, sigue el curso de este torrente hasta llegar a su cabecera y allí es donde encontraremos el desfiladero más espectacular de todo el mazico de Els Ports, los estrechos del Parrizal.
Para acceder a esta zona tan singular deberemos llegar hasta el pueblo de Beseit (Beceite), comarca de Matarraña en Teruel.
Por el camino vamos apreciando las famosas "Gúbies". Las gúbias son paredes rocosas casi verticales en donde el río se ha ido encajonando. Estos muros pétreos muestran en su parte superior agujas irregulares que se elevan y destacan sobre el paisaje.



Desde la misma población de Beceite cogeremos una pista de tierra de unos 6 kilómetros aproximadamente que nos llevará hasta un área de picnic. Aquí dejaremos el coche y seguiremos a pie por el salvaje y abrupto camino el cual se abre paso entre esa fantástica garganta.
Nada más empezar encontramos la primera de una sucesión de hermosas pozas. Para evitar tener que mojarnos los pies se han habilitado unas pasarelas con troncos facilitando de este modo el paso a través de ellas.







El lugar es de una gran belleza merecedora de ser contemplada pausadamente, sin ninguna prisa.







El sendero, bastante bien marcado, va siguiendo por el margen del río hasta que llega un momento en que desaparece bajo un caos de bloques el cual deberemos franquear para seguir nuestro camino.



Finalmente llegaremos a lo que se conoce con el nombre de los estrechos del Parrizal. A partir de aquí si queremos continuar tendremos que hacerlo a nado.
Es un lugar extraordinario.



Más tarde subiremos más arriba del collado de la Balanguera para contemplar toda la zona desde la parte alta. Llegamos hasta la roca Morera d'Arany la cual parece una ventana abierta al Parrizal.



Desde aquí el paisaje nos llena los ojos, nos desborda los sentidos.






Entre esas masas de pinar, tejos, encinas, serbales y otras vegetaciones, entre esos riscos y moles calcáreas que visten las escarpadas laderas de este territorio aún desconocido para mi, se queda un trocito de mi corazón para siempre.

12.12.06

Gran Astazou. Mi primer 3000

Pensé, llegué a creer que me estrenaría con el Perdido y no, este aún se me resiste.

En el mes de Julio (2006), Marc y Carmina nos dijeron de acampar en el Balcón de Pineta y subir el Grand Astazou (Astazou Oriental, 3071 m), aún tenían que hacer unas cuantas fotografías para su libro. Decidimos acompañarles.

Me pareció genial ya que el año anterior, en agosto, habíamos estado en el Balcón y fue algo que me conmocionó sobremanera. Primero fue el hecho de haber llegado allí arriba cuando era la segunda vez que calzaba unas botas de montaña y lo segundo contemplar el glaciar del Perdido cuando no esperas encontrártelo tan cerca. Me costó trabajo contener las lágrimas. Apenas estuvimos unos 20 minutos, se nos hacía de noche y aún había que bajar por lo que dijimos que tendríamos que volver para poder estar más tiempo y así disfrutarlo.



Llegamos a la zona de acampada que hay antes de llegar al Parador Monte Perdido un viernes por la noche. Bien temprano iniciamos nuestro ascenso hacia el Balcón. Volvía a mi el recuerdo, emocionante, todavía fresco, de la última vez que subí por aquel tortuoso camino.

(Para ver las fotografías más grandes solo hay que clikar en ellas)

(fotografía de Marc )



Esta vez, con mucha más calma pude apreciar los pequeños tesoros que siempre se nos escapan por ir tan deprisa.













Pequeños y también grandes, majestuosos, divinos.



Lo que siento una vez llegamos arriba vuelve a ser indescriptible. No se porque razón me emociono tanto cuando estoy allí. No lo se.
Creo que este es uno de los Valles más hermosos que he contemplado nunca. El Valle de Pineta.



Nos sentamos enfrente del glaciar un buen rato y poco después seguimos hacia el refugio de Tucarroya.



Allá al fondo se ve nuestro objetivo.



Pese a ese calentamiento del planeta aún encontramos neveros (mes de julio a 2500 m de altitud).



Quien me iba a decir a mí que el mes siguiente iba a subir al Cilindro, mi 7º 3mil. (detras de mí)



Al llegar al lago de Marboré y ver donde estaba situado el refugio (refugio de Tucarroya) decidimos montar las tiendas allí mismo. Un lugar magnífico para pasar la noche, no creéis? Para quien no lo sepa, el refugio está encajonado en esa brecha que se ve en el centro de la fotografía.




Contemplé una de las mejores puestas de sol de mi vida, eso por no hablar del amanecer. Son esos los momentos los que me llenan, los que me hacen entender el porque de la vida





A la mañana siguiente el espectáculo fue aún mejor.






Enseguida emprendimos la marcha. Conforme caminaba iba volviendo la cabeza.





Subimos por el corredor que separa los dos Astazou, Swan. Una vez en el collado solo hay que seguir la esbelta arista hasta la cima. Para acceder a ella hay que trepar por las terrazas escalonadas que tiene hasta su cumbre. En la fotografía pueden apreciarse los escalones.



(fotografía de Marc )


Aquí estoy yo a pocos metros de la cima.



Conforme vamos avanzando el patio, sobretodo hacia el lado francés es impresionante.
Petit Astazou (3012 m). Descomunal tobogán hacia Francia.



Cima del Grand Astazou.

(fotografía de Marc )


Las vistas desde allí son realmente imejorables, extraordinarias, maravillosas.
Allí abajo el lago Marboré.





Recuerdo, durante la ascensión, que no estaba nerviosa, tampoco en el descenso. Sentía una emoción calmada, sosegada, plácida. Me sentí pletórica en la cima. Esa sensación recorría todo mi cuerpo, despacio, a cámara lenta, lo notaba por todos los rincones, absolutamente en todos. Era como estar en una nube, algo fascinante. Quizás esa sensación es la que me empuja a subir más allá de los 3000 metros, aunque cada vez la percepción ha sido mucho más fuerte, más enérgica. Debe ser la falta de oxígeno, no lo se.

Cuando estoy en casa, lo añoro, el corazón me da un vuelco, noto millones de mariposas en el estómago que solo se me calman cuando estoy cerca de mis montañas, cerca de las nubes, cerca del cielo.